Todo inicia con el respeto: Adrián, gay, gimnasta y valiente

Por: David S. Celin

“Pinche jota, pasiva vagonera”, recuerda Adrián los mensajes que le mandaban en  redes sociales, “pensaba en denunciarlos por ciberbulliyng, acoso y discriminación, pero no valen la pena”, asegura. Pero, ¿qué hizo para merecer ese tipo de insultos? Nada. Ser él mismo.

Adrián es un joven chef, amante de la música de Amaia Montero;  gimnasta, pero sobre todo, una persona valiente. Pues con varios intentos de suicidio, abusos físicos e infinidad de maltratos, él sigue caminando. La palabra puto ya no lo detiene ni el que le griten “jota”.

Ya no se conmuta ante nada ni por los mensajes que recibía a través de la redes sociales. De ser “el niño gordito, el feito, el que tenía granos, él que no hacía nada, el gay” pasó a ser una perra, como sus amigos le denominan. Ya ve el mundo de otra forma: más realista y, un tanto, incrédulo.

La discriminación, un problema

Para ti, ¿qué es la discriminación?, se le pregunta. “Apartar a alguien de un grupo por un simple capricho o trauma”, asegura. “Es un odio bastante pendejo”. Y sobre quiénes discriminan, afirma que son “personas que tienen problemas, al menos las que me han discriminado son personas que no tienen nada de educación o respeto por sí mismos. Si no tienen respeto a sí mismos, cómo pueden respetar a los demás. Todo inicia con el respeto”.

Para él, “la discriminación es un  problema. Es no avanzar… retroceder. Ya no estamos en el siglo XVI, ya no se esclaviza ni se mata a la gente por su color, ¿por qué seguirlo haciendo por su preferencia sexual? ¡Es demasiado absurdo!”.

Sobre si lo han discriminado, Adrián asegura que, desde su visión, siempre: “Cuando no te aceptas ni respetas a ti mismo  es cuando todos te pisotean, por lo gay, por la complexión, por la apariencia, por todo”; sin embargo, se carcajea y asegura: “Ahora soy yo quien discrimino”.

¿La solución?  No dejarse, respetarse. Tiene que haber más aceptación, más información, dejar de estigmatizar a la comunidad. Más información y difusión,apunta.

Violencia, hasta en la sopa

¿Cómo era Adrián antes?, se le cuestiona. Él piensa… hay lágrimas en sus ojos. Luego de una pausa responde: “Era el niño gordito, el feito, el que tenía granos, el que no hacía nada, el gay. Por todos lados me llovía. Hasta abuso sexual hubo [en su pasado], manoseos [sin permiso], golpes”. Sin embargo, ¿cómo salir de esto?: “si tú te pones los pies bien puestos, te respetas  y dices quien eres, creo que no habría este problema”.

Aparte de las ofensas en las redes sociales, Adrián ha sufrido distintos casos de discriminación. Por ejemplo:

“En mi primer empleo, el jefe de cocina era súper violento y rudo, yo era así de ‘el mundo es feliz y todos son buenos’. Sin embargo, este señor era muy malo, un día me dijo que mi sopa era un asco.

No debo decirlo,  pero las sopas y cremas son mi especialidad.  Me molesté mucho y sólo pensé: ‘idiota, si le mueves se deshacen los grumos’. Él me dijo ‘vuélvela a hacer’ y me aventó la sopa. Yo me volteé enojado y sólo me gritó ‘ven acá, pinche puto’. ¿Cómo me dijiste?, le pregunté. Me encabroné aunque todavía no salía del clóset.

Nos íbamos a pelear, ya de frente a él, este tipo me agarró el bulto (su miembro viril) y me dijo: ‘pinche puto, qué’. Me dio más coraje y empezamos a agarrarnos a golpes. Es lo más fuerte que me ha pasado, más que nada porque no lo concebí.  Lo bueno es que a él lo corrieron.

Eso sí, siempre me he encontrado personas que abusan de su autoridad en los lugares de trabajo. Otro caso, no tan fuerte pero que te demuestra esto, es cuando realizaba mi servicio social, había un señor muy morboso, siempre se la pasaba acosando a mi amiga y a mí.

Un día, iba con unos pantalones algo ajustados, este tipo me vio y dijo: ‘me encanta como se ve tu papayita, putito’, y empezó hacer muecas con la lengua. Por suerte, mi amiga vio todo y lo reportó, sólo así le pusieron un hasta aquí”.

La solución: NO al odio, Sí al amor ( propio)

La homofobia es ese miedo al diferente, al otro. “Para la mayoría de esos machos belicosos, el mundo está diseñado para ‘nosotros’ y no para los ‘otros’. La otredad estorba y se debe enseñar, no sólo a odiarla, sino a desaparecerla rápida y eficazmente”, sentencia José Ramón Enríquez, en el prólogo del libro Una historia sociocultural de la Homosexualidad del doctor Xabier Lizárraga.

Adrián sabe qué es la homofobia, porque la ha vivido. Comenta: “Mira ese puto, ya lo viste”, en referencia a que el odio a los homosexuales, no sólo se ejemplifica con actos y agresiones físicas, las palabras que para muchos son convencionalmente aceptadas también es parte de ella.

Pero, ¿qué hacer para evitar este problema? Adrián comenta que lo principal es el respeto. “Tú no te metes conmigo y yo no me meto contigo. Aunque en algunos casos hay que enfrentar fuego con fuego”.  Para él, ser homosexual en México es indicio de que siempre serás discriminado.  Sin embargo, dice, para sobrevivir a esta sociedad heterocentrista, es valioso amarse y tener la autoestima elevada.

El joven gimnasta vuelve a recordar su pasado, lo tiene presente para recordar lo que no quiere volver  a ser: “era el feito, el gordito, el que no hacía nada. Un día dije: ‘ya no quiero estar así’”.

Esto ha sido un proceso de constante cambio de dos años. Al principio toda mi quincena se iba en dermatóloga, medicamentos y gimnasio.  Por eso siempre digo: ‘no siempre fui así’,  y todo empieza por amarse a uno mismo, pues si uno no lo hace nadie lo va a hacer. 

Eso sí, debes creértelo. Creer en ti mismo y no depender de nadie. Algo que también me ayudó fue lo que me dijo Leire Martínez, vocalista de La Oreja de Van Gogh, pues ella sabía todos mis problemas y sólo atinó a decirme: ‘Tú tienes el poder de hacer lo que quieras, de superar’. Y es cierto, cada quien tiene el poder de llegar hasta dónde uno quiera. No hay límites, no los hay”.

Joto,puto, gay… su salida del clóset

Joto, puto, son las palabras con las que se han referido a Adrián. Sin embargo, él se considera gay; condición que apenas aceptó como tal. Al preguntarle sobre su familia y la aceptación de su preferencia duda en responder. Es un proceso que apenas inició, todo gracias a su ex novio: Héctor.

“Vivo con mi madre, dos hermanas y un hermano, para ello mi proceso de salir del clóset inició con una de mis hermanas, pues como Héctor se quedaba en mi casa. Un día lo fui a dejar a la suya y ya de regreso, una de mis hermanas me preguntó: ‘Quién es Héctor. Eres gay’. Yo en broma le dije: ‘Él es mi novio, pero no soy gay’, y me empecé a reír.  Le dije que sí, que era gay y sólo ella me dijo que le encantaba que sea así y  me mostró su apoyo. 

Por otra parte, cuando terminé con Héctor me sentía súper mal. Para eso, mi mamá me llevó al metro y yo no bajaba del auto.  Le dije que quizás no era el lugar ni el momento adecuado, pero que me sentía mal. ‘Te acuerdas de mi amigo Héctor, pues no era mi amigo era mi novio’”.

Se hizo el silencio incómodo, esperé a que me contestara. “Mi madre sólo atinó a decir: ‘nunca vas hacer algo para que yo te dejé amar’. Me sorprendió, esperaba una reacción diferente pues era un tanto homofóbica”.

Afirma que siempre ha sido un chico solitario. Sin embargo, a unos años de su propia revolución física y mental, se encuentra en una realidad en la que no se oculta. Rememora nuevamente,  y hace un contraste entre el actual y el pasado Adrián.

“Antes, si me daban un golpe me caía y ahí me quedaba o si me decían puto me seguía derecho y me ponía a llorar.  Ahorita ya no me dejo de la gente, encaro. Eso es la diferencia, antes me dejaba, porque no sabía quién era, no sabía lo que quería, estaba perdido”.

El contraste

De ser el chico solitario pasó a ser “la luz que ilumina el camino” de muchos de sus amigos. Adrián no sólo cambió físicamente, también en actitud y pensamiento.

“El Adrián de antes era una persona valiente al poder avanzar solo, ese Adrián no creería en quién se ha convertido.  Muchos me dicen que soy la luz que irradia, la magia que los hace sentir bien, pero eso se consigue con quererse a uno mismo. Él no me lo creería”

“Lo importante es aceptarse a uno mismo como es”, asegura Adrián.

“Mi madre siempre trabajó. Mi hermana grande siempre fue con sus cosas, mi hermano es machista (un año de diferencia), el atleta, el flaco, el guapo… Adrián era el equis, pues siempre lo veía así. Era muy difícil hacer amigos, abrirme con los demás. No me aceptaba y no dejaba que otros me conocieran. Era miedo al qué dirán.

Yo era buen estudiante, siempre me atacaban, fue muy difícil ya que nunca conté con mi familia, era diario (secundaria y prepa) que todas las noches llorara, mi madre nunca hacía nada, aunque lo sabían. Y eso me daba en la madre.

No hay cierto cariño, paz con ellos, por su ausencia. No es rencor, pero pues nunca hicieron nada para ayudarme. La etapa de adolescente fue muy difícil, a pesar de que había personas que me intentaban ayudar.

No me quería, no me aceptaba. Ahora me puedo poner frente a mis buleadores y sin maldad ahora soy yo el que se les para enfrente  y  ya no me dejo”.

Afirma:

“Háblalo, nunca te quedes callado. Nunca te guardes las cosas , ‘las lágrimas que saben más amargas son las que llevan dentro las palabras que nunca dijiste’. Si  te callas las cosas en algún momento explotarán mal”.

“Me cortaba las venas, una vez me intenté colgar”

“Varias veces me intenté suicidar sin éxito.  Fue por el miedo de no ser aceptado, de que nadie me quería. Entonces, por eso hacía lo que hacía. En verdad me callaba, nunca le conté nada a nadie. Me intentaron secuestrar, alcancé ver que los tipos se iban masturbando.  ¡Oh, por dios, me pudieron haber violado! Nunca se deben de callar. Callar es feo…

Siempre me cortaba, siempre. Hubo una vez que me intenté ahorcar, pero nunca funcionó. Siempre fue eso, nunca lo intenté con fármacos.  Me salía por las noches en busca de la muerte”.

¿Por qué fallaron tus intentos?“Dios me puso aquí por algo. Si contar mis experiencias ayuda a alguien, es el mejor ejemplo del por qué estoy aquí. No nos vamos a ir hasta cumplir con ello”.

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